Renunciando al pensamiento moderno de que los perros, asnos y demás bestias no son sujetos de derechos, Guillermo Amnesio Taborda Ordúz, mejor conocido como El Gato, decidió abrir una escuela para desdomesticar animales.
Gatos, loros, ratones, perros y peces, desaprenden allí cuanta basura les han instruido sus amos con técnicas de premio y castigo. Aprenden a no decir “quiere cacao” a menos que, efectivamente, quieran cacao; a no hacerse los muertos a menos que quieran evadir alguna responsabilidad; a no cantar quiquiriquí si la temperatura y el color de la mañana no lo ameritan. “¡No más luces artificiales para dormir menos y poner más!”, fue la consigna de una gallina al terminar el curso.
El proceso de transformación comienza con la voluntad del amo por liberar a su mascota, o con la solicitud expresa del animal, consentida o no por su dueño. “Es el fin de la esclavitud para todas las especies”. Luego entra en juego la asunción de las consecuencias que implica dejar de ser mascota. Es decir, que el animal, en pleno uso de su autonomía, decida abandonar comodidades y afectos tibios, para acceder al fragor de la libertad. “La desdomesticación no es un proceso sencillo ni agradable -explica El Gato-, el sujeto tiene que dejar algunas cosas atrás, como la casa de madera, los mimos de la tía Isabel a través de la jaula, las galletas gringas cuando hace algún truco. Evidenciar, para transformar, cómo ciertas conductas naturalizadas son en realidad mecanismos artificiales de dominación. En fin, es un proceso de independencia, complejo y dignificante, como todos”.
En medio del rotundo éxito –que incluye financiación de la ONU y países donantes- la Academia comenzó a trabajar con caballos ejercicios de auto-reconocimiento de su cuerpo y de sus deseos. Ulises, un percherón pardo, ya no camina con pasitos ridículos para agradarle al patrón, ha comprendido que sus fuertes piernas y su gran velocidad son más para recorrer y conocer el mundo que para taconear sobre tablados en busca del cariño de algún traqueto. Se convirtió en monitor de los más nuevos. La apertura de esta área le ha traído al Gato repetidas visitas de los “rotguailers”.
Pero un día El Gato recibió un nuevo reto. Uno que le ha complicado la vida en grado sumo. Que lo hizo internarse en bibliotecas, iglesias, divanes y hasta movimientos políticos. Un asunto más complejo que el de James, el doberman café que había sido educado por su amo para sostener relaciones sexuales con él cuando su esposa salía de viaje (la esposa de James, claro, que es modelo canina; su amo no es casado).
Este asunto nuevo superaba mil veces el caso James. Lo recibió una tarde en su oficina, mientras jugaba con un mico entrenado para robarle los huevos y la leche al tendero. La secretaria le pasó la carpeta con los datos del nuevo aspirante. El Gato leyó la descripción de la situación del animal sin notar que el mico le sacaba la billetera de su chaqueta.
“Domesticación total. Chantajes con juguetes, alimentos, afectos y seguridad. No hay golpes. El animal es obligado a sostener relaciones sexuales periódicamente con su amo. También a atenderlo –traerle el periódico, lamerle la oreja, encontrar sus zapatos cuando está de afán-, aparentar escucharlo y evitar ruidos. Castigo más común: humillaciones públicas y privadas. Premio más utilizado: collares lujosos, visitas largas al salón de belleza, horas de sol. En exposiciones y eventos públicos siempre es alabado y felicitado. Exigencia actual para efectos reproductivos, se reporta uso de procedimientos médicos (ojo: ¿¿posibles torturas??, ¿¡laboratorio!?). El amo no muestra ningún interés por la desdomesticación, la paciente recibió ayuda secreta”.
Repugnado, enfurecido, lacerado en su más hondo sentimiento de lucha por los Derechos de las animales, Guillermo salió de su oficina para hacer entrar de una vez por todas a ese pobre animal. Permitirle un camino nuevo de dignidad y libertad. Desde el pasillo, mirando rápidamente la sala de espera, el Gato la llamó por su nombre.
Katia no mostró mejorías significativas durante su primer año en la escuela. Han tenido que recurrir a los más grandes gurús de la desdomesticación animal y hasta de la sociología moderna; hay aspectos que están en discusión acalorada porque a la paciente y a algunos expertos les parece que no son dispositivos de domesticación sino de animación, algunos asesores han sufrido crisis nerviosas sorpresivas. La junta asesora declaró al Gato impedido para trabajar en este caso dado el alto grado de subjetividad y emocionalidad con que lo estaba manejando. Ella es, por obvias razones, la más atrasada y turbia de toda la Academia: es la única humana.
Su más grande avance se evidenció hace tan solo una semana: Katia ha comenzado a tramitar el divorcio definitivo del Gato, luego de 12 años de matrimonio, y se enamora exponencialmente de Ulises, el percherón libertario.
segunda-feira, 6 de outubro de 2008
“El error es decidirse”.
Juan José Arreola. La disyuntiva.
Antes de salir de su pequeño apartamento en el centro de la ciudad, María revisó que el maquillaje estuviera perfecto. A punto. La pestañina adecuada, las sombras indicadas para los zapatos y el bolso, y la base que, además de ocultar algunos recuerditos de malas noches, resaltaba su poderosa piel canela.Juan José Arreola. La disyuntiva.
Hermosa.
Justo antes de entrar al metro, una mirada de calor intenso la condujo desde dentro. Un muchachito pálido de cabello largo y arete en los labios. Mucho menor que ella: perfecto. María intentó conectar sus ojos con los negros del amado y así comenzar la buena noche de un mal día. Mas fue obligada al silencio. Ese silencio corrosivo de presencia negada, de ojos de inexistencia, de tal desprecio que ni la mirada se es merecida. ¿Para qué la invitó, entonces? ¿Por qué rechazarla después sin siquiera una palabra? ¿Fue el largo de la falda? ¿El color del cabello? ¿Esos benditos zapatos, quizá? Esta luz neón, azulosa como una morgue o cualquier mañana plateada, no la favorecía del todo. Eres mujer de ambarinas luces, indefinibles luces.
Hermosa mujer.
Algunas estaciones más adelante, mientras su mente regresaba por las noches de hambre y frío (esos inviernos crudos, caldo de cultivo para poetas, desgracia para sobrevivientes), mientras veía la lluvia caer sobre el malecón a 100 kms. por hora, ella sintió un nuevo calorcito a su lado. Lo vio en el reflejo de la ventana.
Delicioso.
No quitaba los ojos del escote de María. Casi ni respiraba. Ella vio los labios del muchacho irse enrojeciendo con delicada ansiedad. Casi ni respiraba. Gozaba del sutil contacto de sus caderas y este insoportable ardor cuando los muslos medio se rozan con alguna sacudida del metro. Su saliva parecía estar poseída por sus deseos, le recorría la boca, arañaba el esófago, lamía sus intestinos con total impiedad. El vaho del muchacho alcanzó su clavícula desnuda.
Delicioso hombrecito.
Tenía miedo de verlo a los ojos. ¿Y si él también extinguía su mirada? ¿Serían los lentes de color violeta? ¿La base no habrá sido suficiente? Aunque experta en decepciones, rogaba que esta noche no. Giraste el rostro con inquietante suavidad, y al frente, firmes y leales, un par de ojos ámbar que viraban a rojo. Dos segundos que fueron, sin tiempo, y María, mujer, sintió a su viejo pene ponerse duro bajo la falda de paño lila mientras el muchachito pronunciaba, ya, las primeras caricias.
sexta-feira, 19 de setembro de 2008
LA ACADEMIA DE GUILLERMO
Lotería ganada, dinero en la cuenta: Guillermo emprenderá su gran negocio.
Inauguración: gran vestido, incontenible felicidad.
En su mano, la escultura: una flecha-falo atraviesa sugestivamente la húmeda manzana roja. El logo de su establecimiento. Símbolo de las dos pasiones más grandes de su vida. Los asistentes pasmados, intrigados, dispuestos a gastar.
Y así Guillermo develó su innovador negocio: con una cuerdita quitó la manta blanca que cubría el letrero principal: “Academia de arquería y de amantería, Chez Guiller Motel”.
Primeras críticas de los movimientos feministas: más publicidad.
¡Tarán!
Inauguración: gran vestido, incontenible felicidad.
En su mano, la escultura: una flecha-falo atraviesa sugestivamente la húmeda manzana roja. El logo de su establecimiento. Símbolo de las dos pasiones más grandes de su vida. Los asistentes pasmados, intrigados, dispuestos a gastar.
Y así Guillermo develó su innovador negocio: con una cuerdita quitó la manta blanca que cubría el letrero principal: “Academia de arquería y de amantería, Chez Guiller Motel”.
Primeras críticas de los movimientos feministas: más publicidad.
¡Tarán!
GINA, LA GUSANA Y EL CUCARRÓN (cuentito del octubre bogotano)
“Se a lua, as cobras e as onças vêem os humanos como antas ou porcos selvagens,
é porque, como nós, elas comem antas e porcos selvagens,
comida própria de gente”.
Eduardo Viveros de Castro. A Inconstância da alma selvagem.
Eduardo Viveros de Castro. A Inconstância da alma selvagem.
Estando sentados en una hoja de guayacán, la Gusana le dijo al Cucarrón:
-Estos ridículos humanos siguen buscando a los extraterrestres en el cielo... por allá escondidos en las estrellas y viajando en naves aparatosas.
Emprende vuelo el Cucarrón.
-Ridículos, en verdad- afirma mientras revolotea sobre un campo de dientes de león-. ¿Qué puede tener esta flor de parecida a un diente de león? ¿Alguna vez has visto tú un diente de león?
... y mientras volaba en derredor, el Cucarrón comenzó a imaginar al rey de la selva con la boca llena de florecitas amarillas como dientes. Lo imaginó tratando de desgarrar un trozo de venado que su mujer le había llevado para la cena. –Oye, mija, ¿me la puedes partir? Es que se me soltó un pétalo-. Y luego tendría que ir a donde un jardinero para que le pegara los pétalos sueltos y le cepillara correctamente su florida denta-¿dura?...
–Y son tan locos que los buscan parecidos a ellos... ¿Tan torpe es la soberbia, amor?- pregunta La Gusana.
-Eso parece- susurra compasivo El Cucarrón-, eso parece...
La Gusana danza sinuosa, poseída por el zumbido de su amante Cucarrón hasta que él, sin ninguna razón aparente, detiene el revoloteo. Se posa sobre Gina, una diente de león, y desde allá le grita:
-¡¡¡Vamos, amor, que han llamado a reunión en la nave nodriza!!!!
Entonces, una lechuza común aterriza en medio del campo de dientes de león. Tres cucarachas, dos avispas, catorce lombrices rojas, seis mariposas negras y un escarabajo de chaqueta naranja se dirigen hacia las alas del ave, dispuestas como rampas de acceso.
Rumbo a la lechuza, La Gusana se topa con Gina y desde abajo le grita:
-¿Tú qué te estás creyendo, maldita perra terrícola? ¿Piensas que no he visto cómo le acariciabas las entrepiernas con esos bracitos amarillos?
Sin decir una palabra, casi sin dejarla terminar, doblando de un golpe el largo tallo, Gina se deja caer afilada y contundente sobre La Gusana. Su cuerpecito baboso es desgarrado por los pétalos amarillos...
-¿Y si no fuera por los pétalos sino por la forma de las hojas?- piensa El Cucarrón, ignorante de la natural escena a sus espaldas (¿cuántas espaldas tiene un cucarrón?).
segunda-feira, 1 de setembro de 2008
25 DE JULIO
A Carol, Nadia, Margarita
y las Mujeres del Magdalena Medio
que allí estuvieron.
y las Mujeres del Magdalena Medio
que allí estuvieron.
Y después tendrás que ser tú el que se arrodille, pequeño proyecto de sirviente, cuando comprendas pedirme perdón. Luego te tocará a ti sentir esta maldita bola de óxido en el estómago, limpiarte los mocos y cargar sobre tu espalda doblada la inmensa vergüenza que me produces hoy. Entonces te esperaré sentada, satisfecha y limpia, con la novela de estos días grabada en mis arrugas.
Yo no te crié para esto, ni te cargué en mi barriga por nueves meses ni me guerrié tu parto contra todos los pronósticos (y tres abortos) ni aumenté mis jornales de trabajo ni, mucho menos, te di de las leches de mi alma para que hoy, acá, con tu ridículo bocito incipiente vengas a cargar tu arma frente a mí. No dediqué mi pescado a criar brazos fuertes para el beneficio de amos que ni tan siquiera conoces. No me dejé manosear a cambio de comida y escuela para que te convirtieras en un imbécil...
No me amenaces ni limites mi camino, no intentes darme del jarabe que te han recetado; porque nosotras luchamos para que tú y tu recua de torpes compañeros puedan volver a los ranchos y tener el cultivo que soñaban y estudiar algo más que un listado de ordenes o, simplemente, permanecer vivos. Para que tu her-ma-ni-ta pueda dormir tranquila, como no lo hace desde que te fuiste... ¿Te acuerdas de ella? O se te olvidó también... Veo por tu cara de hambre que estas disfrutando el maltrato, que tenías razón cuando vaciaste las ollas sobre el piso y dijiste que yo era una vencida sin valor, cuando no acepté el dinero que llevaste el primer mes y me asesinaste restregándome todas mis culpas del pasado.
Ahora eres tú el que se va a quedar quieto, niñito. Sin gritar y sin apuntarnos. Y ni se te ocurra volverme a mirar con esa carita de matón, que ya bastante tengo con los que nos quieren sacar de las tierras. Quédate quieto y déjame pasar. Guarda tu puta escopeta y tus insultos. Guárdala para el entrecejo de tus jefes el día en que veas lo que te han hecho. Guárdalos para ti mismo cuando te mires en el espejo... si es que donde estás tienes un miserable pedazo de espejo. Miserable.
¿Sabes? No me importa tu uniforme. No me importan tus amigos. No me importan tus garras recién afiladas: esta piel -tócala- esta piel, es la piel de un caimán viejo. Así gruñas y saltes sobre ella, así grites y digas que yo me voltié. ¿Hacia dónde? ¿Qué se supone, niñito, que debía haber hecho? ¿Obedecerte? ¿Callarme? ¿Alejarme? ¿Ayudarte? ¿Dejarme morder? Tal vez castigarte. Tal vez nunca haberte parido. Esta piel no puede ya ser penetrada.
Tampoco tus balas me asustan: desde que te largaste he perdido lo que me importaba más que mi vida ¿Me vas a disparar? A ver, no lo dudes, dispara, pero mantente vivo hasta la vejez para que siempre lo recuerdes. Dispara, maldito niño, deja que mis entrañas te vuelvan a bañar como el día de tu parto. Dispara mientras te refugias en mis ojos las noches de tormenta. Dispara, por favor, quiero ver tu dedo apretando el gatillo. Dispara. Ten al menos el valor para hacer bien tu trabajo. Dispara. Méteme de una vez esa remalparida bala en el corazón, porque ya lo tengo destrozado. Dispara... o más vale que te hagas a un lado y nos pidas perdón. [1]
[1] El 25 de julio del 2002, más de 20.000 mujeres de toda Colombia se movilizaron hacia Bogotá y realizaron una manifestación sin precedentes en nuestra historia. Tuvieron que salvar obstrucciones por parte del ejército, la policía, los paramilitares y las FARC, algunas de sus hijas aún andan desaparecidas. Exigieron el fin de la guerra, no su disminución, no su “humanización”, sólo su fin. Que no se gastara una vida ni un hijo ni una hija ni un minuto ni un peso más en esta guerra. Exigieron el respeto por sus derechos, desde las sábanas hasta el Congreso. Los medios de comunicación privados (oficiales) ignoraron por completo el evento. 15 días después se posesionó como Presidente de la República, en un evento cerrado y con transmisión única gubernamental, el Señor Álvaro Uribe Vélez: promotor de los grupos privados de seguridad “Convivir”.
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